Por momentos parece un libreto político surrealista: el director de Materiales Educativos de la SEP, Marx Arriaga —arquitecto de los polémicos libros de texto gratuitos de la 4T— ahora llama a una rebelión contra la propia Secretaría a la que pertenece. No es un académico despedido, no es un opositor externo, no es un activista independiente: es un funcionario en activo que acusa a su institución de neoliberal, privatizadora y traidora del obradorismo.
No se trata de una crítica técnica al modelo educativo, sino de una convocatoria abierta a crear comités de resistencia ideológica, para construir lo que él denomina “poder popular obradorista”, con la misión de refundar la SEP y fungir como contrapeso a la estructura donde él cobra un sueldo público, publicó este sábado el periódico Reforma.
El mensaje tiene una carga simbólica enorme: la ruptura no viene de la derecha, ni de organizaciones empresariales, ni de ONG’s, sino del corazón del diseño educativo de la 4T. Arriaga, quien en 2024 posaba sonriente junto a Mario Delgado llamándolo aliado, ahora lo desafía acusando la permanencia de “cloacas neoliberales” dentro de la Secretaría. ¿Qué cambió? ¿Delgado cambió o Arriaga nunca dejó de ser militante antes que académico?
En entrevista con Reforma, el funcionario señala presiones de Coparmex, OCDE, FMI y Banco Mundial, como si el sistema educativo mexicano estuviera bajo asedio extranjero. Pero el dato incómodo es otro: la implementación del Plan de Estudios 2022 y los 107 libros de texto gratuitos —los mismos que fueron cuestionados por especialistas por errores, sesgo ideológico y ausencia de conocimientos básicos— es la bandera que hoy pide defender a través de comités organizados, agitación política y registro digital de células magisteriales.

¿Estamos ante una defensa del modelo educativo o ante la creación de un brazo político desde las escuelas?
Cuando un funcionario público convoca a “organizarse, instruirse y agitarse” contra su propio aparato institucional, el fondo no es pedagógico: es ideológico y de poder.
La contradicción expone un conflicto mayor dentro del gobierno. Mientras Mario Delgado intenta proyectar orden institucional, Arriaga impulsa una estructura paralela que llama a la militancia obradorista a contener —desde adentro— al propio Estado. La pregunta no es menor: ¿la SEP es una dependencia educativa o un terreno de disputa para la hegemonía narrativa de la 4T?
Porque si un director de área puede promover resistencia política interna sin consecuencias, entonces no hablamos de inconformidad técnica: hablamos de insubordinación política tolerada o incapacidad de control institucional.
El llamado a formar comités recuerda los viejos frentes revolucionarios: formación ideológica, agitación, organización popular. ¿Educación o movilización?
¿Escuelas o trincheras?
Los libros de texto fueron concebidos bajo la bandera de la lucha cultural del obradorismo. Hoy, su propio creador se erige como guardián de esa obra frente a un gobierno que —según él— ya no es lo suficiente fiel a la causa. La 4T se vuelve espejo: lo que antes denunciaba de los neoliberales, ahora lo reproduce contra sí misma.
La rebelión de Arriaga es una señal de alerta:
no sólo revela fracturas internas, sino el riesgo de que la educación pública sea arena de disputa entre facciones del mismo proyecto político. Y cuando la escuela se convierte en campo de batalla ideológica, es el aprendizaje el que termina bajo fuego.










