Oposición exige la salida de Marx Arriaga tras su llamado a una rebelión dentro de la SEP

Legisladores, encabezados por el vocero del PAN, Federico Döring, demandan la destitución del director de Materiales Educativos tras llamar a comités obradoristas dentro de la Secretaría de Educación. El caso pone en duda el control de Mario Delgado y la autoridad de la Presidenta sobre la agenda educativa.

La controversia generada por Marx Arriaga —el mismo funcionario que la semana pasada llamó a “refundar la SEP”, organizar comités en defensa del obradorismo y crear contrapesos internos contra la estructura que encabeza Mario Delgado— escaló ya al plano político. Legisladores de oposición demandaron que la presidenta Claudia Sheinbaum pida su renuncia inmediata, al considerar que el director de Materiales Educativos cruzó la línea entre función pública y activismo político.

El episodio se originó cuando Arriaga, arquitecto de los libros de texto gratuitos impulsados durante el gobierno de López Obrador, convocó a maestros a integrarse a células organizadas para “defender la Nueva Escuela Mexicana y los valores de la Cuarta Transformación”, incluso planteando “agitación y organización popular” como estrategia. Desde el propio interior de la dependencia, su llamado fue interpretado como un acto de insurrección simbólica, pues proponía contrapesos a los funcionarios que hoy gobiernan la Secretaría —es decir, sus superiores.

La reacción no tardó. Para la oposición, el mensaje es incompatible con un cargo público.
El vocero del PAN en la Cámara de Diputados, Federico Döring, sostuvo que Sheinbaum debería solicitar su renuncia para dejar claro que existe un nuevo liderazgo al frente del país y que la SEP no puede ser plataforma de una corriente ideológica.

“Si Arriaga conserva algo de vocación académica, la Presidenta tendría que pedirle la renuncia. Su papel no es promover militancia política, sino defender la educación plural y libre”, afirmó.
“De no hacerlo —advirtió— quedará claro que es una imposición del sexenio anterior”.

Döring calificó de “grotesco” que el funcionario busque convertir la educación en un vehículo de adoctrinamiento político y cuestionó su mensaje anticorrupción dentro de una Secretaría encabezada por Delgado.

El diputado panista Héctor Saúl Téllez fue más lejos al exigir la destitución inmediata del funcionario, acusándolo de persistir en el intento de ideologizar los contenidos educativos.

“La SEP no puede permitir que la educación se use para polarizar o doctrinar. Marx Arriaga debe ser removido por convertir las aulas en trincheras ideológicas”, señaló.
A su juicio, lo que ocurre es una rebelión interna que pone en entredicho el liderazgo de Mario Delgado.

Desde Movimiento Ciudadano, la diputada Iraís Reyes alertó sobre el riesgo de tener perfiles con agenda política en áreas educativas, pues se compromete la enseñanza del pensamiento crítico.

“La educación pública no está para formar militantes. El Estado debe garantizar libertades, no lealtades. Pretender que los niños piensen como el gobierno quiere es sustituir educación por adoctrinamiento”, sostuvo.

Reyes subrayó que la educación pertenece a toda la sociedad, no a una facción política, y que el obradorismo no puede instalarse como doctrina escolar.

Contexto: la fractura interna que detonó el conflicto

La confrontación pública surge días después de que este medio documentó que Arriaga convocó a comités de defensa obradorista dentro de escuelas y zonas magisteriales. El mensaje acusaba que dentro de la SEP persisten “cloacas neoliberales” y que existen presiones de organismos como Coparmex, OCDE, FMI y Banco Mundial, por lo que propuso crear estructuras paralelas que funcionen como contrapesos al propio aparato federal.

El llamado no fue técnico, sino político, y provocó una pregunta de mayor alcance:
¿Puede un funcionario educativo convertirse en organizador de militancia ideológica dentro del sistema escolar?

Con la presión ya encima y la oposición exigiendo renuncia, el episodio abre una grieta incómoda para el Gobierno: ¿respaldará Sheinbaum al ideólogo de los libros de texto o marcará distancia para mostrar control institucional sobre el sector educativo?

Lo que parecía una disputa de visión pedagógica ahora se transforma en prueba interna de autoridad.
Si Arriaga permanece, la señal será una: la educación seguirá siendo territorio de batalla ideológica.
Si cae, otra lectura emergerá: el nuevo gobierno se deslinda de los símbolos más radicales del sexenio anterior.

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