El Instituto Nacional Electoral necesitó apenas quince días para descubrir un principio que debió guiar su decisión desde el comienzo: la imagen del árbitro electoral debe evitar cualquier parecido que ponga en duda su imparcialidad. El 9 de septiembre aprobó sustituir el rosa por tonos lila; el 24 dejó sin efecto esa elección y decidió que el gris predominara en sus comunicaciones. El nuevo acuerdo invoca expresamente los valores de neutralidad e imparcialidad.
La rectificación llegó después de críticas por la semejanza del lila con colores empleados por el Gobierno de la Ciudad de México, encabezado por Clara Brugada, y por otros actores políticos. Guadalupe Acosta Naranjo, dirigente de Somos, cuestionó además la coincidencia con la identidad del partido PAZ, señalado como aliado de Morena. Esas objeciones explican la controversia pública; no prueban que Morena haya ordenado al INE adoptar el lila. La crítica sustentada es otra: el Instituto eligió un color políticamente sensible sin anticipar una comparación previsible.
El contexto vuelve más delicado el episodio. El INE había dejado atrás el rosa mientras Somos, surgido de la Marea Rosa, enfrentaba resoluciones sobre su nombre, emblema y colores. En ese escenario, cualquier cambio de identidad institucional exigía una explicación especialmente sólida. La Junta General Ejecutiva, encabezada por Guadalupe Taddei, aprobó el lila el 9 de septiembre, un día antes del inicio del proceso electoral 2026-2027; ahora lo retira cuando ese proceso ya está en marcha.
El problema tampoco termina al escoger un tono menos controvertido. Víctor Hugo Carvente Contreras, titular del Órgano Interno de Control, reprochó la premura de la sesión convocada para modificar el manual y señaló errores en el proyecto, así como la falta de una estimación del impacto presupuestal. Su observación apunta a una obligación concreta: informar cuánto costará aplicar la nueva imagen, qué materiales existentes podrán seguir utilizándose y cómo se evitarán gastos innecesarios. Sergio Uzeta, coordinador nacional de Comunicación Social, afirmó que se tomaron en cuenta las observaciones.
El gris puede resolver una semejanza visual; no resuelve por sí solo la pérdida de confianza que provocó la improvisación. Al INE le corresponde publicar las razones documentadas de ambos cambios y sus costos. La imparcialidad de un árbitro electoral se demuestra en sus decisiones y también en la seriedad con que las toma.











