
La batalla por el poder en la Ciudad de México ya comenzó, pero no se libra todavía entre Morena y la oposición, sino dentro del propio partido gobernante. Omar García Harfuch y Clara Brugada Molina vuelven a encontrarse en una disputa política, esta vez mediante sus respectivos grupos y aspirantes a las 16 alcaldías capitalinas, con una tercera fuerza que puede modificar los acuerdos: la presidenta Claudia Sheinbaum.
El antecedente es revelador. En noviembre de 2023, García Harfuch derrotó a Brugada en las encuestas internas de Morena para definir la candidatura a la Jefatura de Gobierno. El entonces exsecretario de Seguridad Ciudadana obtuvo 40.5 por ciento de las preferencias, contra 26.7 por ciento de Brugada. Sin embargo, la aplicación de los criterios de paridad de género terminó por otorgar la candidatura a la exalcaldesa de Iztapalapa.
Ahora, la disputa tiene otra dimensión. No se trata solamente de quién consigue más alcaldías, sino de quién construye la estructura política de la capital rumbo a los siguientes procesos electorales.
De acuerdo con versiones que circulan entre operadores políticos de Morena, el enfrentamiento por las candidaturas comienza a delinear dos grupos identificados con Harfuch y Brugada, aunque en varias demarcaciones intervienen directamente los intereses de Sheinbaum, de dirigentes partidistas y de figuras con influencia territorial.
En Cuajimalpa, actualmente gobernada por la oposición, los nombres que aparecen en las negociaciones son Carlos Madrazo, identificado con el grupo de Harfuch, y Susy Cueto, ubicada entre las alternativas cercanas a Brugada. La alcaldía representa una oportunidad de expansión para Morena y, por tanto, un espacio atractivo para medir la capacidad de operación de ambas corrientes.
En Cuauhtémoc, una de las demarcaciones de mayor visibilidad política y mediática, la confrontación presenta otros protagonistas. Brugada tendría entre sus cartas a Citlalli Hernández -aún cuando de último momento parece bajarse de la contienda- mientras que Harfuch respalda totalmente a Emiliano Rojas Gutiérrez, cuyo nombre también ha aparecido vinculado a las negociaciones del Partido Verde Ecologista de México de Manuel Velasco con Morena.
Emiliano Rojas es un perfil destacado que además tiene el apoyo interno del partido del bloque de la 4T que logró más candidaturas a las gubernaturas de los estados, después de Morena. Lo que imprime fuerza a la decisión de García Harfuch, con el respaldo de Velasco Coello.
En Benito Juárez, otro bastión opositor, Harfuch tendría como alternativa a Leticia Varela, quien ya compitió por esa alcaldía en 2024. Por su parte, Brugada buscaría convencer a Camila Martínez para que acepte participar en la contienda. El objetivo político sería disputar una demarcación gobernada actualmente por el panista Luis Mendoza, aunque no existe confirmación pública de esas postulaciones.
La competencia se desarrolla en arenas movedizas en Miguel Hidalgo, donde Miguel Torruco aparece entre los perfiles cercanos a Harfuch. Sin embargo, versiones internas señalan que el propio Torruco tendría reservas para aceptar una candidatura ante el riesgo de una derrota electoral.
En la otra esquina, Brugada impulsaría a Víctor Hugo Romo, antiguo jefe delegacional y exalcalde de Miguel Hidalgo, con experiencia en la operación política de esa demarcación. Allí gobierna Mauricio Tabe, del PAN, por lo que la candidatura morenista tendría que construirse frente a una estructura opositora consolidada.
En Xochimilco, los intereses de ambos grupos se cruzan incluso con los partidos aliados. Harfuch favorecería la continuidad de Circe Camacho, vinculada al Partido del Trabajo (PT), mientras que Brugada buscaría abrir paso a José Carlos Acosta, quien ya encabezó la alcaldía.
La disputa revela un problema adicional para Morena: las aspiraciones de sus aliados pueden convertirse en moneda de negociación, particularmente cuando se trata de preservar gobiernos locales o redistribuir posiciones dentro de la coalición.
En Álvaro Obregón, el escenario es todavía más complejo. Harfuch respaldaría la continuidad de Javier López Casarín, actual alcalde, mientras que Brugada buscaría sustituirlo. En estas negociaciones también aparece Marcelo Ebrard, quien, según las versiones sobre la disputa interna, habría solicitado considerar otro perfil después de su distanciamiento político con López Casarín.
El caso muestra que la selección de candidatos no necesariamente responderá a una división entre dos bloques perfectamente definidos. Las relaciones personales, las rupturas políticas y los acuerdos con figuras del Gobierno federal pueden modificar las alianzas en cada alcaldía.
En Venustiano Carranza, la presencia de Julio César Moreno, identificado como cercano a Harfuch, representa una de las expresiones más claras del peso de los grupos territoriales tradicionales. Sin embargo, versiones sobre las negociaciones indican que Sheinbaum buscaría posicionar a Elena Edith Segura, lo que abriría una competencia entre las preferencias presidenciales y una estructura política con trayectoria en la demarcación.
La situación es distinta en Iztacalco, donde aparece un cuarto centro de influencia: Andrés Manuel López Beltrán, conocido como Andy, hijo del expresidente Andrés Manuel López Obrador y figura de la dirigencia nacional de Morena. Según estas versiones, habría solicitado respetar la posición de Lourdes Paz para buscar su continuidad al frente de la alcaldía.
De confirmarse esa intervención, Iztacalco sería una muestra de cómo el grupo político vinculado al expresidente López Obrador pretende conservar influencia en las decisiones territoriales de la capital.
En Azcapotzalco, Brugada respaldaría la continuidad de Nancy Núñez, mientras que Harfuch habría considerado inicialmente a Gabriela Jiménez. Sin embargo, las versiones internas apuntan a que el secretario de Seguridad dejó de impulsar esa posibilidad en medio de consideraciones políticas relacionadas con Arturo Carmona. No hay elementos públicos suficientes para atribuir a esa relación una causa definitiva del supuesto repliegue.
Hasta aquí, la confrontación entre Harfuch y Brugada aparece como el eje de las negociaciones. Sin embargo, hay otras demarcaciones donde la influencia atribuida a Claudia Sheinbaum introduce una variable distinta.
En Iztapalapa, el principal referente sería Aleida Alavez, actual alcaldesa, cuya continuidad contaría, según las versiones internas, con el respaldo presidencial. Se trata además de la demarcación donde Brugada construyó buena parte de su carrera política, por lo que cualquier decisión tendría repercusiones sobre su propio grupo territorial.
En Tlalpan, otra alcaldía con especial significado para Sheinbaum, quien gobernó esa demarcación antes de llegar a la Jefatura de Gobierno, el perfil señalado es Gabriela Osorio, identificada con el círculo político presidencial.
En Gustavo A. Madero, una de las alcaldías con mayor peso electoral de la ciudad, el nombre que aparece con respaldo de la Presidencia es Janecarlo Lozano, actual titular de la demarcación.
Por su parte, en Tláhuac, la operación política se atribuye a Rigoberto Salgado, quien buscaría impulsar al diputado federal Roberto Mejía. En este caso, el factor decisivo no sería necesariamente la confrontación entre Harfuch y Brugada, sino el peso de una estructura territorial que pretende conservar influencia en la designación.
Este mapa preliminar deja fuera de las versiones más definidas a Coyoacán, Magdalena Contreras y Milpa Alta, tres alcaldías que también formarán parte de las negociaciones capitalinas y cuyos acuerdos podrían alterar el equilibrio entre las distintas corrientes.
La pregunta central es hasta dónde llegará la disputa entre Harfuch y Brugada y qué papel desempeñará Sheinbaum cuando los intereses de ambos entren en contradicción.
La jefa de Gobierno cuenta con una estructura política construida durante años, especialmente en el oriente de la ciudad. El secretario de Seguridad, por su parte, conserva relaciones con operadores capitalinos y una proyección nacional derivada de su responsabilidad en el gabinete federal.
Hay otra dimensión que no debe perderse de vista: la competencia interna puede influir en la relación entre la Jefatura de Gobierno y el Gobierno federal, especialmente cuando los protagonistas tienen responsabilidades institucionales en materia de seguridad y gobernabilidad.
La presidenta Claudia Sheinbaum ocupa una posición particular. Su trayectoria política está profundamente vinculada con la capital, mantiene relaciones con alcaldes y cuadros locales y, al mismo tiempo, encabeza el Gobierno federal del que forma parte García Harfuch.
Por eso, la contienda de 2027 también servirá para observar cómo se distribuye el poder dentro de Morena después de López Obrador, entre los liderazgos surgidos del Gobierno capitalino, los funcionarios federales, los grupos territoriales y las estructuras partidistas.
La selección de candidaturas podrá presentarse formalmente como un procedimiento de encuestas, paridad y acuerdos de coalición. Pero la existencia de múltiples aspirantes vinculados con distintos liderazgos revela la importancia que tendrán las negociaciones políticas.
Harfuch y Brugada ya se enfrentaron por la candidatura a gobernar la Ciudad de México. Ahora sus grupos aparecen frente a frente en la disputa por las alcaldías.











