No fue Dinamarca fue “Dinamita”: trabajadores del IMSS acorralan a Sheinbaum y líder sindical

Rechazan en urnas incremento salarial y exigen 10% directo al sueldo y la destitución de Rafael Olivos. La rebelión reabre negociaciones y amenaza con extender la presión a todo el sector salud

La rebelión de los trabajadores del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) abrió dos frentes de presión para el Gobierno de Claudia Sheinbaum: un aumento salarial del 10 por ciento directo al sueldo tabular y la exigencia de destituir a Rafael Olivos Hernández, dirigente del Sindicato Nacional de Trabajadores del Seguro Social (SNTSS), cuya propuesta salarial fue rechazada por sus propios representados.

La consulta nacional celebrada el miércoles 14 de octubre terminó con una derrota para el acuerdo negociado entre la dirección del IMSS y la cúpula sindical, que contemplaba un incremento global del 6.8 por ciento, integrado por apenas 2.9 por ciento directo al salario y 3.9 por ciento en prestaciones.

El resultado, reconocido por el propio Rafael Olivos, modificó el escenario de las negociaciones y fortaleció a la disidencia, que ahora exige una nueva propuesta salarial y un Congreso Nacional Extraordinario para revisar la permanencia del dirigente y de su equipo.

La inconformidad rebasó la discusión sobre los salarios. Las movilizaciones registradas en distintas entidades del país exhibieron un malestar acumulado por la escasez de medicamentos, insuficiencia de insumos médicos, falta de personal, deterioro de instalaciones hospitalarias y condiciones laborales que los trabajadores consideran incompatibles con las exigencias de atención a millones de derechohabientes.

El representante de jubilados y pensionados y dirigente del movimiento disidente, Vinicio Martínez, explicó que la exigencia del 10 por ciento está relacionada con el deterioro de las expectativas de jubilación de las nuevas generaciones, cuyos ingresos durante el retiro dependen de las aportaciones vinculadas con su salario.

“Estamos parados en una exigencia, el 10 por ciento al salario tabular porque las nuevas generaciones no tienen un régimen de jubilaciones y sus pensiones van a ser calculadas con el sueldo tabular”, sostuvo.

La diferencia es sustancial. Mientras el incremento a las prestaciones puede representar una mejora en los ingresos de los trabajadores activos, el aumento directo al salario tabular tiene implicaciones para la base de cálculo de determinadas aportaciones y prestaciones laborales, particularmente en los esquemas de retiro sujetos a las disposiciones correspondientes.

La demanda también recupera otra inconformidad histórica: las modificaciones al régimen de jubilaciones y pensiones del personal del Seguro Social y el rechazo al sistema de cuentas individuales administradas por las Afores.

Sin embargo, el propio IMSS ha señalado que la modificación de esos esquemas requiere reformas legales y no depende exclusivamente de una negociación salarial con el sindicato.

Para la disidencia, la votación representa apenas el primer resultado de una movilización que busca cambios más profundos.

Zuiry Hernández, asistente médica del Hospital General 8 “Dr. Gilberto Flores”, sostuvo que las protestas continuarán hasta que las autoridades respondan al conjunto de demandas laborales y hospitalarias.

“Brincamos un obstáculo que se nos impuso, pero es uno de nuestros puntos del pliego petitorio; las movilizaciones y plantones van a continuar pues no tenemos una respuesta a las peticiones.

Además, necesitamos una real representación sindical”, manifestó.

La trabajadora advirtió que la exigencia de renovar la dirigencia sindical seguirá formando parte central del movimiento.

“Y no vamos a dejar de movilizarnos hasta que ruede la cabeza de Rafael Olivos y retomemos la organización de nuestro sindicato”, afirmó.

El cuestionamiento a Rafael Olivos coloca al SNTSS frente a una crisis de representación. Aunque el dirigente aceptó el resultado de la consulta, el rechazo de la propuesta que había respaldado abrió una disputa sobre la legitimidad de su conducción y su capacidad para negociar en nombre de los trabajadores.

La dirección del IMSS, encabezada por Zoé Robledo, y la representación sindical instalaron una mesa de trabajo para evaluar alternativas que permitan formular una nueva oferta salarial.

“Vamos a analizar alternativas para construir una mejor propuesta en el marco de lo posible, una mejora en el salario y también en las condiciones de trabajo de quienes nos cuidan todos los días”, planteó Robledo.

Por su parte, la presidenta Claudia Sheinbaum reconoció que la decisión expresada por los trabajadores obliga a revisar el acuerdo y reabrir las negociaciones.

“El director del IMSS tiene que buscar las alternativas para poder dar una mejor propuesta”, manifestó.

El problema para el Gobierno federal es que una revisión al alza de los salarios del IMSS podría generar nuevas demandas en otras instituciones públicas de salud, en un contexto de restricciones presupuestarias y necesidades crecientes de financiamiento.

EL EFECTO DOMINÓ EN EL SECTOR SALUD

El diputado federal del PAN, Éctor Jaime Ramírez, especialista en gestión hospitalaria, advirtió que una concesión salarial adicional al personal sindicalizado del IMSS puede convertirse en un precedente para los trabajadores del ISSSTE y otras instituciones hospitalarias.

El legislador señaló que la negociación adquiere dimensiones nacionales porque el Gobierno federal ha sostenido el compromiso de avanzar hacia un sistema universal de salud, mientras persisten diferencias salariales y laborales entre instituciones.

“En el IMSS tienen fondos y fideicomisos, y eso genera productos financieros para intentar negociar.

El problema es que si se aprueba en el IMSS un mayor incremento, eso va a brincar al sindicato del ISSSTE y a los médicos residentes del Seguro Social, del ISSSTE, del Hospital Español, de todos los hospitales donde se forman los médicos especialistas”, destacó.

El señalamiento introduce una dificultad adicional para Hacienda: el posible efecto multiplicador de una negociación inicialmente limitada al Seguro Social.

Aunque los esquemas contractuales, presupuestarios y laborales de las distintas instituciones son diferentes, un incremento salarial superior al originalmente pactado puede fortalecer demandas de trato equivalente entre médicos, enfermeras y personal administrativo de otros organismos públicos.

La presión salarial coincide, además, con una discusión más amplia sobre la capacidad del Gobierno para financiar la expansión de los servicios médicos, contratar especialistas y garantizar medicamentos e insumos.

PIDEN MIL MILLONES ADICIONALES PARA EL IMSS

En medio de la controversia laboral, la Comisión de Seguridad Social de la Cámara de Diputados, presidida por Arturo Olivares, legislador de Morena y ex secretario del SNTSS, aprobó solicitar mil millones de pesos adicionales para el IMSS en el Presupuesto de Egresos de la Federación de 2027.

La propuesta obtuvo 23 votos a favor y tres en contra y busca fortalecer los recursos destinados a mejorar las prestaciones del personal.

El proyecto presupuestario para el próximo año contempla una asignación al IMSS superior a 1.8 billones de pesos, equivalente, según las cifras presentadas, a un crecimiento real del 9.8 por ciento respecto de 2026.

Sin embargo, la cifra global incluye distintas obligaciones institucionales y no representa una bolsa de libre disposición para incrementos salariales. Tampoco garantiza que los recursos adicionales solicitados por los diputados sean finalmente aprobados.

La intervención de Arturo Olivares, quien anteriormente ocupó responsabilidades en la organización sindical, agrega un componente político a una negociación que involucra a dirigentes gremiales, legisladores y autoridades federales.

El desafío no consiste únicamente en encontrar recursos para mejorar los salarios, sino en determinar cuánto financiamiento adicional puede destinarse a remuneraciones sin comprometer otras necesidades del sistema hospitalario.

El IMSS sostiene que entre 2019 y 2026 su plantilla de trabajadores de base aumentó en más de 94 mil plazas, mientras que los manifestantes aseguran que persisten vacantes, sobrecargas de trabajo y carencias operativas en clínicas y hospitales.

Ese contraste revela que el crecimiento de la plantilla no necesariamente resuelve la distribución desigual del personal ni las necesidades particulares de cada unidad médica.

La disputa coloca ahora al Gobierno federal ante tres exigencias simultáneas: mejorar los salarios, responder a las deficiencias hospitalarias y atender el conflicto de representación sindical.

Y es precisamente ahí donde el movimiento adquiere mayor relevancia política. El rechazo salarial no sólo obliga al IMSS a negociar nuevamente: también cuestiona la capacidad de la dirigencia del SNTSS para mantener el respaldo de sus bases y plantea el riesgo de una escalada de reclamaciones laborales en todo el sector salud.

La negociación apenas comienza y el costo de resolverla ya no puede medirse exclusivamente en porcentajes salariales. También involucra la estabilidad laboral del Seguro Social, la credibilidad de su representación sindical y la capacidad presupuestaria del Gobierno para atender las demandas de quienes sostienen los servicios públicos de salud.

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