El Partido Acción Nacional, a través del coordinador de la bancada, José Elías Lixa, está proponiendo a dos de cuatro figuras del calderonismo que llevan el blanco pintado en el pecho, en la negociación con Morena para presidir la Cámara de Diputados: Germán Martínez Cázares y Margarita Zavala Gómez del Campo.
Felipe Calderón Hinojosa, además de ser la figura icónica que desató una encarnizada y fallida lucha contra el crimen organizado, carga con un ex secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, sentenciado a 38 años de prisión en Estados Unidos, por ser el más alto funcionario de este siglo ligado al cártel del narcotráfico dominante en México, además de tener como Secretario de Presidencia a César Nava, acusado en una corte de Nueva York de defraudar a Pemex por 102 millones de dólares.
A pesar de la calidad ética de Margarita Zavala, este lastre lo hereda inevitablemente, lo que convierte su eventual postulación en una debilidad estructural.
Germán Martínez, por su parte, acumula un historial de traición que erosiona cualquier autoridad moral. Transitó como mercenario político a las filas del obradorismo para lograr un escaño en el Senado, se convirtió en director del Seguro Social de López Obrador y, cuando le incomodó el encargo, montó una escena de indignación para volver como independiente a la Cámara Alta.
Margarita Zavala, por su parte, se ha mantenido como una fuerza ética y combativa dentro del PAN. Sin embargo, resulta imposible que se sacuda los negativos de su marido. Felipe Calderón encabezó un grupo que facilitó la victoria de Enrique Peña Nieto al desfondar a la candidata panista Josefina Vázquez Mota en 2012. El sexenio de Peña Nieto fue uno de los más corruptos de la historia moderna, y su pacto de impunidad con Andrés Manuel López Obrador enterró las aspiraciones del candidato priista José Antonio Meade.

Ricardo Anaya Cortés fue también uno de los damnificados del clan Calderonista. En el 2016 Felipe de Jesús no le perdonó postularse a la Presidencia de la República sin su bendición, cuando él mismo lo hizo en la presidencia de Vicente Fox Quezada. Margarita indignada renunció al PAN al acusar al ahora senador de “dividir al partido”.
Con ese expediente es inconcebible que Acción Nacional lo reitere como carta y, peor aún, lo considere para presidir la Cámara Baja. Quien traiciona una vez no duda en repetirlo.
A diferencia, Kenia López Rabadán y Federico Döring Casar representan méritos propios, sobre todo fuera del maderamen calderonista. Ambos son legisladores con trayectoria, experiencia parlamentaria, y sin los negativos que cargan los otros dos perfiles. Además, tienen la capacidad de ejercer un contrapeso real frente al bloque oficialista, en vez de convertirse en blanco fácil de desgaste mediático y político.
Optar por Zavala o Germán equivale a permitir que Morena escoja a su contrincante más débil y, con ello, condicionar de entrada la correlación de fuerzas en San Lázaro. En cambio, López Rabadán y Döring no cargan con los fantasmas de corrupción, traición o pactos oscuros, y podrían sostener un liderazgo opositor con argumentos, firmeza y legitimidad.
La presidencia de la Cámara no puede definirse desde la lógica de las nostalgias ni de los favores políticos del pasado, sino desde la necesidad urgente de tener una voz sólida frente al oficialismo. De lo contrario, Acción Nacional estará entregando la batalla desde el arranque.










