“Cazaremos a los cárteles y los mataremos como a Al-Qaeda”: Secretario de Guerra de Trump

“Los encontraremos, trazaremos sus redes, los cazaremos y los mataremos.”: Pete Hegseth. “México está gobernado por los cárteles. Respeto mucho a la presidenta Claudia Sheinbaum; es una mujer extraordinaria y muy valiente. Pero México tiene que defenderse de eso”: Donald Trump

El secretario de Defensa de EE. UU., Pete Hegseth, prometió tratar a los cárteles “como organizaciones terroristas extranjeras”. El presidente Donald Trump lo respaldó: “México está gobernado por los cárteles”. La retórica y una serie de ataques navales apuntan a una posible militarización hemisférica de la lucha antidroga, con riesgos jurídicos, diplomáticos y humanitarios.

La frase fue pronunciada sin ambages por el secretario de Defensa estadounidense: “Los encontraremos, trazaremos sus redes, los cazaremos y los mataremos”, dijo Pete Hegseth, equiparando en público a las organizaciones de narcotráfico con actores que antes se combatían bajo la etiqueta de terrorismo internacional.

Las palabras de Hegseth fueron complementadas por la del presidente Donald Trump, quien afirmó este jueves: “México está gobernado por los cárteles”, y argumentó que Estados Unidos debe “defenderse” del flujo de fentanilo y otras drogas. Esa combinación retórica y operativa marca un viraje: la lucha contra el narcotráfico deja de ser un asunto policial para convertirse, públicamente, en justificación de acciones militares.

De la retórica a la acción

En las últimas semanas, la Marina y otras unidades estadounidenses han protagonizado ataques contra embarcaciones en el Caribe y en el Pacífico que, según Washington, transportaban cargamentos de drogas. Los comunicados del Pentágono celebran los operativos como éxitos operativos; gobiernos de la región han manifestado su preocupación por la falta de transparencia y por posibles violaciones de soberanía.

Riesgos jurídicos y diplomáticos

Elevar a los cárteles a la categoría de “enemigos” conlleva consecuencias prácticas: legitima el uso de fuerza letal en operaciones que podrían desarrollarse con escasa supervisión parlamentaria y sin procesos judiciales claros. Juristas y organizaciones de derechos humanos advierten que la etiqueta antiterrorista no suple las exigencias probatorias ni las obligaciones internacionales sobre trato a detenidos y protección de civiles.

Escenarios concretos si la lógica llega a México

  • Operativos navales combinados en alta mar próximas a costas mexicanas, comunicados con lenguaje bélico que erosiona la confianza pública y diplomática.
  • Ataques a infraestructura logística (muelles, embarcaciones, hangares) con escasa transparencia probatoria, que provocaría reclamos y posibles litigios internacionales.
  • Presiones políticas para reclasificar grupos como “terroristas”, lo que ampliaría el margen legal para intervenciones transfronterizas y traería costos políticos internos para México.

Impacto social y humanitario

La experiencia comparada indica que la presión militar externa fragmenta organizaciones criminales, dispersa rutas y suele provocar picos de violencia local. En el contexto mexicano, esto podría traducirse en desplazamientos forzados, ejecuciones sumarias y un aumento del riesgo para comunidades rurales y urbanas ya vulnerables.

Línea de tiempo (selección)

  • 20 ene 2025: Orden ejecutiva presidencial en EE. UU. que crea mecanismos para designar organizaciones criminales como objetivo de medidas extraordinarias.
  • 19–23 oct 2025: Serie de ataques navales en el Caribe y Pacífico reportados por agencias internacionales; comunicados del Pentágono y reacciones de gobiernos regionales.
  • 23 oct 2025: Declaraciones públicas de Pete Hegseth y del presidente Trump —incluida la frase “México está gobernado por los cárteles”— que consolidan la narrativa militar.

La metáfora de la guerra antiterrorista aplicada a los cárteles no es inocua: modela políticas, altera marcos jurídicos y cambia la geografía de la violencia. Si Washington convierte esa metáfora en doctrina operativa y la aplica en espacios cercanos a México, la región puede entrar en una etapa en la que la soberanía, el derecho y la seguridad humana queden en permanente tensión. Ante eso, la reacción diplomática y la exigencia de reglas de juego claras no son sólo prudencia: son urgencia política y humanitaria.

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