Mientras Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores enfrentan en Nueva York un juicio por narcoterrorismo y corrupción, el régimen que durante años se proclamó baluarte del antiimperialismo se reconfiguró en Caracas sin resistencia alguna. No hubo épica, ni levantamiento popular, ni defensa de la “revolución”. Hubo cálculo, supervivencia y traición.
En cuestión de horas, Delcy Rodríguez asumió como Presidenta Encargada Interina de Venezuela, flanqueada por la misma cúpula chavista que juró lealtad eterna a Maduro y que hoy lo sacrifica políticamente para salvar el aparato de poder. El mensaje es claro: el madurismo ya no necesita a Maduro; el chavismo se preserva sin Chávez y sin ideología.
Lo que se presenta como una “transición interna” es, en realidad, una rendición tutelada. La cúpula del comunismo venezolano —esa que construyó su legitimidad denunciando a Estados Unidos como enemigo histórico— ahora opera al servicio de Washington. El nuevo orden lo encabezan Diosdado Cabello, desde el control político y represivo; Vladimir Padrino López, garante militar del proceso; y como pieza clave del expediente judicial, Nicolás Maduro Guerra, el hijo del exdictador, convertido en testigo de un sistema que él mismo ayudó a construir y delatar.
La narrativa del “bloqueo imperial” colapsó en cuanto el régimen fue confrontado con fiscales, cortes y expedientes. El socialismo del siglo XXI no cayó por una insurrección popular: se entregó mediante negociación judicial. Sus líderes no murieron defendiendo ideales; optaron por administrar su salida.
Del otro lado del tablero, Donald Trump movió las piezas con rapidez. Washington no improvisa. Para la transición venezolana, el mandatario estadounidense designó a Marco Rubio como operador político clave, a Pete Hegseth como enlace estratégico en materia de seguridad, y a un asesor de Seguridad Nacional encargado de coordinar inteligencia, estabilidad regional y control del proceso. No se trata de diplomacia simbólica, sino de administración directa del poschavismo.
DELCY RODRÍGUEZ DOBLA LAS MANOS invita al gobierno de Donald Trump a una "agenda de cooperación"
— Literal México (@literalmexico) January 5, 2026
La tensión aumentó después de la captura de Nicolás Maduro y las amenazas del Presidente de EEUU contra la Vicepresidenta Ejecutiva de Venezuela, si no cooperaba
En un comunicado,… pic.twitter.com/9zUDhrduKG
La paradoja es brutal: quienes encarcelaron opositores, cerraron medios, falsearon elecciones y provocaron el mayor éxodo de la historia contemporánea de América Latina, hoy se presentan como garantes de gobernabilidad. El chavismo, que se proclamó proyecto histórico, terminó reducido a una estructura de contención, funcional para evitar el colapso total mientras el poder real se redefine fuera de Caracas.
Venezuela entra así en una nueva fase, no necesariamente democrática ni justa, pero sí definitiva: el momento en que el régimen deja de fingir que gobierna por convicción ideológica y admite, aunque sea en silencio, que gobierna por permiso. Y ese permiso ya no se otorga en Miraflores, sino en Washington.











