Morena ya no se conforma con ganar elecciones. Ahora quiere rediseñar las reglas para asegurarse de no perderlas jamás. La llamada “reforma electoral” que impulsa el Gobierno federal no es un ajuste técnico ni una modernización institucional: es una operación política para debilitar a la oposición, reducir la pluralidad y convertir una mayoría coyuntural en un dominio permanente.
Menos pluralidad y más control desde el poder central
El plan es simple: menos diputados y senadores plurinominales, menos dinero para los partidos y más concentración de poder en quien ya controla el Ejecutivo y el Legislativo. Bajo el discurso de la austeridad y la “eficiencia”, se esconde una estrategia para borrar del mapa a los partidos pequeños y limitar la representación de las minorías.
Hoy, de los 500 diputados, 200 son de representación proporcional. Y casi dos tercios de esos escaños no pertenecen a Morena. En el Senado ocurre algo similar: 32 senadores llegan por la vía plurinominal y la mayoría tampoco es del partido oficial. ¿La solución de Morena? Eliminar esos espacios. No para ahorrar, sino para quedarse con todo.
Un Congreso más homogéneo, menos crítico y más obediente
Menos pluris significa menos voces incómodas. Significa un Congreso más alineado al poder presidencial, con menor capacidad de cuestionar, fiscalizar y frenar excesos. La pluralidad, ese principio básico de cualquier democracia, se vuelve un estorbo cuando el objetivo es gobernar sin contrapesos.
La presidenta en la boleta como herramienta de arrastre electoral
Pero la jugada no termina ahí. El Gobierno también quiere adelantar la revocación de mandato para 2027, justo cuando se renovarán el Congreso, 17 gubernaturas y miles de cargos locales. La intención es clara: poner a la presidenta Claudia Sheinbaum en la boleta para jalar votos a favor de Morena.
No se trata de consultar a la ciudadanía, sino de usar la figura presidencial como motor de propaganda política. Votar por la presidenta será, en los hechos, votar por su partido. Un atajo para reforzar el control político.
El sistema electoral nació para evitar un nuevo partido hegemónico
Organizaciones especializadas en derecho electoral, universidades y fundaciones internacionales ya levantaron la voz. Recordaron algo que parece haberse olvidado en Palacio Nacional: el sistema electoral mexicano fue diseñado precisamente para evitar la concentración de poder en una sola fuerza política.
Después de 70 años de hegemonía de un solo partido, México creó un modelo mixto que combina mayoría y representación proporcional, con límites a la sobrerrepresentación y financiamiento público para impedir la captura del poder por intereses económicos o criminales.
Quitar los contrapesos no fortalece la democracia, la debilita
Eliminar esos mecanismos no hace más fuerte al sistema político. Al contrario, lo vuelve más frágil, más vulnerable al abuso de poder y menos representativo de la diversidad social y política del país.
Morena necesita aliados, pero la reforma también los perjudica
Paradójicamente, Morena ni siquiera puede imponer esta reforma por sí solo. Necesita al PT y al Partido Verde para alcanzar los votos constitucionales. Y esos aliados ya dejaron claro que la iniciativa también los afecta: menos pluris, menos recursos y menos espacios de representación.
Si ya controlan todo, ¿por qué quieren cambiar las reglas?
La pregunta es inevitable: si ya controlan el Ejecutivo, dominan el Legislativo y buscan influir en el Judicial, ¿qué más quieren?
La respuesta es incómoda, pero evidente: quieren el poder sin límites. Quieren ganar, sí, pero no solo en las urnas. Quieren ganar en las reglas, en el sistema y en el futuro.










