
El próximo lunes, la presidenta Claudia Sheinbaum presentará formalmente su iniciativa de reforma electoral. Antes incluso de que el documento llegue al pleno, el debate ya se instaló en el Congreso y dentro del propio bloque oficialista. Más allá de la oposición tradicional, el foco está puesto en sus aliados legislativos: el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) y el Partido del Trabajo (PT). En San Lázaro comienza a perfilarse una pregunta que hace semanas parecía impensable: ¿podrían el Verde y el PT convertirse en el factor que frene la propuesta presidencial?
Presupuesto público y representación legislativa
La discusión no es retórica; tiene implicaciones presupuestales y de poder real. Para 2025, el Instituto Nacional Electoral asignó alrededor de 7 mil 300 millones de pesos en financiamiento público federal a los partidos políticos nacionales, distribuidos conforme al porcentaje de votación obtenido en la última elección federal.
En ese reparto, el PVEM y el PT reciben prerrogativas que resultan estratégicas para su operación política nacional, estructuras estatales y campañas. Reducir financiamiento o modificar la arquitectura de representación proporcional impacta directamente su viabilidad a mediano plazo.
En términos de fuerza parlamentaria actual PVEM: 62 diputados federales y 14 senadores. PT: 49 diputados federales y 6 senadores. En una reforma constitucional que exige mayoría calificada (dos terceras partes), estos números no son decorativos: son determinantes.
El núcleo del conflicto: PREP y plurinominales
La iniciativa contempla, entre otros puntos, la eliminación del Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP) y el tránsito directo al cómputo oficial. También se ha planteado revisar el esquema de representación proporcional.
Eliminar el PREP no es un simple ajuste técnico. Es desmontar el instrumento que desde 1994 ha servido como válvula de estabilidad política la noche de la elección. Su costo representa una fracción mínima del gasto electoral total, pero su valor simbólico es alto: ofrece información preliminar transparente y reduce la incertidumbre.
Incluso la presidenta del INE, Guadalupe Taddei, marcó distancia y cuestionó esta parte de la propuesta. En un movimiento que muchos interpretan como simulación de independencia respecto de Morena —y otros como intento de blindaje institucional—, Taddei puso el dedo en el punto más sensible de la reforma.
El dilema estratégico del Verde y el PT
Para el PVEM y el PT el cálculo es frío:
- Si se reduce financiamiento, pierden margen operativo.
- Si se ajustan plurinominales, disminuye su representación.
- Si respaldan la eliminación del PREP, asumen el costo político de una reforma percibida como regresiva.
Ambos partidos han demostrado históricamente pragmatismo. El Verde negocia; el PT condiciona. Ninguno suele inmolarse políticamente por lealtad ideológica.
Si Morena no alcanza por sí sola la mayoría calificada, cada voto aliado será moneda de cambio. La paradoja es evidente: quienes han sido pieza clave en las reformas del oficialismo podrían convertirse ahora en su primer obstáculo serio.
¿Derrota o reajuste?
Hablar de derrota anticipada puede ser prematuro. En el Congreso, las reformas no mueren; se negocian. El escenario más probable es un ajuste del proyecto para garantizar la cohesión del bloque.
Sin embargo, si el PVEM y el PT deciden no acompañar los puntos medulares —especialmente el PREP o la reconfiguración de la representación proporcional— la iniciativa podría salir debilitada o incluso congelarse.
En ese caso, no sería la oposición quien frene a la Presidenta. Serían sus propios aliados.
La reforma electoral suele ser el examen de cohesión de cualquier coalición gobernante. El próximo lunes no solo se presentará una iniciativa. Se pondrá a prueba el verdadero equilibrio de fuerzas dentro del oficialismo.











