La salida del general Óscar Rentería Schazarino de la Secretaría de Seguridad Pública del estado confirma que el control de los mandos en la seguridad sinaloense se decide en la oficina del General Secretario de la Defensa, Ricardo Trevilla, y no en la del gobernador Rubén Rocha Moya.
Rentería llegó al cargo en diciembre de 2024, en los primeros meses del nuevo gobierno federal, como parte de una estrategia para reforzar la seguridad en uno de los estados más sensibles del país. Su nombramiento fue impulsado desde la Secretaría de la Defensa Nacional, encabezada por el general Ricardo Trevilla Trejo, quien comenzaba entonces a reorganizar los mandos militares desplegados en tareas de seguridad pública.
La designación no fue menor. Sinaloa ocupa una posición central en el mapa del crimen organizado en México. La entidad ha sido históricamente el bastión del Cártel de Sinaloa y, en los últimos años, escenario de disputas internas entre sus propias facciones, lo que ha provocado una escalada de violencia en municipios clave como Culiacán.
En ese contexto, el envío de un general del Ejército al mando de la seguridad estatal representó una señal clara de que la estrategia federal buscaba reforzar el control operativo y la coordinación entre fuerzas federales, Ejército y autoridades locales.
Antes de asumir el cargo en Sinaloa, Rentería Schazarino había ocupado diversas responsabilidades dentro de la estructura militar, incluyendo el mando de zonas militares en regiones con fuerte presencia del crimen organizado. Su perfil operativo y su experiencia en áreas de conflicto lo colocaron como una opción viable para encabezar la seguridad pública en la entidad.
El gobernador Rubén Rocha Moya reconoció en su momento que el nombramiento del general se dio en coordinación con el gabinete de seguridad federal, lo que evidenciaba la participación directa de la Sedena en la definición de la estrategia estatal.
La figura de Trevilla, sin embargo, ha adquirido un peso particular dentro del aparato de seguridad nacional. Tras el abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, el secretario de la Defensa se consolidó como el mando de seguridad más influyentes de México, y como uno de los interlocutores más confiables en materia de cooperación con Estados Unidos en la lucha contra el narcotráfico.
En ese escenario, los movimientos de mandos militares en estados clave —como Sinaloa— forman parte de una estrategia más amplia de control territorial y coordinación federal.
Ahora, con la salida de Rentería del cargo, el movimiento vuelve a apuntar hacia la misma estructura que lo llevó al puesto. En los hechos, su llegada y su relevo forman parte de una dinámica interna del Ejército en la que los mandos son asignados, rotados o reubicados conforme a las necesidades operativas del aparato de seguridad nacional.
El episodio confirma una tendencia que se ha consolidado en los últimos años: en entidades estratégicas para la seguridad del país, los titulares de las secretarías de seguridad pública no solo responden a los gobiernos estatales, sino también a la lógica operativa del mando militar federal.











