No le temo a Trump y bienaventurados quienes buscan paz: Papa León XIV

El primer Papa estadounidense marca distancia con la Casa Blanca, reivindica el mensaje evangélico frente a la política de poder y responde a las críticas de Donald Trump en medio de tensiones globales.

En un momento de alta tensión internacional, con conflictos abiertos en Medio Oriente y un endurecimiento del discurso político en Estados Unidos, el Papa León XIV fijó una postura clara frente al poder político: no confrontará directamente al presidente Donald Trump, pero tampoco moderará el mensaje del Evangelio en función de presiones externas.

Durante una conversación con The Associated Press a bordo del avión papal rumbo a Argelia, el pontífice dejó en claro que su papel no es el de un actor político, sino el de un líder espiritual que busca influir en la conciencia global. “Poner mi mensaje al mismo nivel de lo que el Presidente ha intentado hacer aquí, creo que es no entender cuál es el mensaje del Evangelio. Lamento escucharlo, pero seguiré adelante con lo que creo que es la misión de la Iglesia en el mundo de hoy. No entraré en debate. Las cosas que digo ciertamente no pretenden ser ataques contra nadie. El mensaje del Evangelio es muy claro: ‘Bienaventurados los que trabajan por la paz'”, afirmó.

El posicionamiento del Papa ocurre en un contexto donde la retórica de fuerza y seguridad domina la política internacional, particularmente en Washington. Frente a ello, León XIV subrayó que la Iglesia no comparte esa lógica. “No me echaré atrás a la hora de anunciar el mensaje del Evangelio e invitar a todas las personas a buscar formas de construir puentes de paz y reconciliación, y a buscar maneras de evitar la guerra siempre que sea posible. No le tengo miedo a la Administración Trump, ni a hablar en voz alta sobre el mensaje del Evangelio, que es en lo que la Iglesia trabaja. No somos políticos. No vemos la política exterior desde la misma perspectiva que él pueda tener”, sostuvo.

El pontífice, primer Papa nacido en Estados Unidos, ha optado por una línea que privilegia el multilateralismo y el diálogo, en contraste con el enfoque unilateral que ha caracterizado a Trump. En ese sentido, rechazó cualquier interpretación de sus palabras como un ataque directo. “Seguiré pronunciándome con firmeza contra la guerra, buscando promover la paz, promoviendo el diálogo y el multilateralismo entre los Estados para encontrar soluciones a los problemas. Hoy demasiada gente está sufriendo, demasiadas personas inocentes han sido asesinadas, y creo que alguien debe levantarse y decir que hay una mejor manera”, enfatizó.

La respuesta desde Washington no se hizo esperar. Trump escaló el tono de sus críticas, cuestionando abiertamente el liderazgo del pontífice. “No soy fan del Papa León. El Papa León es DÉBIL en materia de crimen y terrible en Política Exterior”, escribió, para luego insistir: “No quiero un Papa que piense que está bien que Irán tenga un arma nuclear”.

Las declaraciones del presidente estadounidense reflejan una confrontación de fondo entre dos visiones del mundo: una centrada en la seguridad, la disuasión y el poder, y otra basada en principios éticos, diálogo y construcción de paz. La tensión escaló aún más cuando Trump reforzó su postura ante la prensa: “No nos gusta un Papa que diga que está bien tener un arma nuclear”.

En Europa, la reacción política fue inmediata. La primera ministra italiana Giorgia Meloni expresó respaldo al mensaje del pontífice, mientras que la líder opositora Elly Schlein calificó los ataques como “extremadamente graves”, evidenciando que el conflicto trasciende lo religioso y se inserta en el tablero geopolítico.

Más allá del intercambio de declaraciones, el episodio revela una disputa simbólica: el papel de la Iglesia frente a un orden internacional cada vez más polarizado. León XIV insiste en que su misión no es competir con los gobiernos, sino recordar una premisa básica que, en medio de guerras y tensiones nucleares, parece perderse: la centralidad de la paz.

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