Sheinbaum reprocha injerencia de EEUU desde un Sinaloa marcado por la violencia

Desde Culiacán, la Presidenta sostuvo que la intervención de gobiernos extranjeros provoca violencia y reivindicó la soberanía mexicana, en momentos en que Sinaloa enfrenta una prolongada guerra criminal y su gobernador con licencia, Rubén Rocha Moya, está acusado en Estados Unidos.

Desde uno de los estados golpeados con mayor severidad por la violencia del narcotráfico, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo lanzó un mensaje contra cualquier intervención extranjera en México y sostuvo que la injerencia genera violencia, mientras defendió que el futuro de Sinaloa debe ser decidido exclusivamente por los sinaloenses y los mexicanos.

La presidenta no se atrevió a nombrar a Estados Unidos, pero esa ausencia de precisión es dialéctica que trata de simular lo ineludible: su gran molestia es la claridad de los mensajes de la administración de Donald Trump contra la protección de los funcionarios mexicanos coludidos con el crimen organizado, en especial en Sinaloa, gobernado por el morenismo de la Cuarta Transformación. 

El pronunciamiento ocurrió este domingo 20 de septiembre en Culiacán, durante la gira de rendición de cuentas por su Segundo Informe de Gobierno, y adquirió una dimensión política particular porque el gobernador con licencia Rubén Rocha Moya, de Morena, enfrenta una acusación formal de fiscales federales de Estados Unidos por presuntamente participar, junto con otros funcionarios y exfuncionarios, en una conspiración relacionada con narcotráfico y armas.

La acusación fue presentada por la Fiscalía Federal del Distrito Sur de Nueva York y anunciada por el Departamento de Justicia estadounidense el 29 de abril de 2026. El documento imputa a Rocha Moya y otras nueve personas y sostiene que, presuntamente, existió colaboración con dirigentes del Cártel de Sinaloa a cambio de respaldo político y sobornos. Se trata de acusaciones que aún deben probarse judicialmente, no de una sentencia condenatoria.

Sin mencionar directamente a Estados Unidos, ni referirse expresamente al proceso contra Rocha Moya, Sheinbaum utilizó su discurso en la Feria Ganadera de Culiacán para marcar nuevamente los límites que, sostiene, deben regir la cooperación bilateral.

“La injerencia no resuelve los problemas, la injerencia provoca violencia. ¿Qué pide México? Soberanía, cooperación para el desarrollo que es lo que genera paz. ¡No queremos injerencia de ningún Gobierno extranjero en nuestro territorio, los mexicanos definimos nuestro futuro!”, afirmó.

Luego llevó el planteamiento específicamente al terreno sinaloense:

“Sinaloa lo deciden las y los sinaloenses, el presente y el futuro de Sinaloa es de los sinaloenses, es del pueblo de México, y es muy importante decirlo. Lo repito: la injerencia genera violencia, la cooperación para el desarrollo genera paz, y lo que requiere Sinaloa y el País completo es paz con justicia, libertad y soberanía”.

El contexto convierte la declaración en algo más que una defensa abstracta de la soberanía. Sinaloa atraviesa desde septiembre de 2024 una guerra interna del Cártel de Sinaloa, principalmente entre las estructuras identificadas como Los Chapitos y La Mayiza, después de la captura en Estados Unidos de Ismael “El Mayo” Zambada y de la ruptura entre las dos facciones criminales.

El Gobierno federal reconoce que el conflicto provocó un incremento extraordinario de los homicidios. Datos oficiales difundidos este año indican que el promedio alcanzó un punto máximo de 6.9 homicidios dolosos diarios en junio de 2025. Para julio de 2026 había descendido a aproximadamente 3.3 diarios, mientras que, al comparar enero-agosto de 2025 con el mismo periodo de 2026, las autoridades reportaron una reducción de 26.1 por ciento.

La disminución respecto de los meses más violentos no significa que la crisis haya terminado. Medios nacionales e internacionales han documentado que el enfrentamiento acumula miles de asesinatos y desapariciones, además de desplazamientos, cierre de negocios, pérdida de empleos y afectaciones económicas en distintas regiones de la entidad.

Por eso resulta relevante precisar el alcance de las palabras presidenciales: Sheinbaum afirmó que la injerencia extranjera provoca violencia, pero durante su mensaje no presentó elementos para establecer que la violencia actualmente padecida por Sinaloa sea consecuencia de una intervención de otro gobierno. Las propias autoridades mexicanas han explicado públicamente la crisis principalmente como producto de la disputa entre organizaciones criminales y han desplegado fuerzas federales para contenerla.

De hecho, la misma visita presidencial mostró esa doble vertiente del discurso: rechazo a cualquier intervención extranjera y, simultáneamente, reconocimiento de que el Estado mexicano necesita mantener una presencia extraordinaria de seguridad en Sinaloa.

Sheinbaum garantizó que no serán retirados los elementos del Ejército, la Guardia Nacional y la Secretaría de Marina desplegados en la entidad y aseguró que permanecerán ahí “todo el tiempo que sea necesario”. También anunció que integrantes de su gabinete acudirán a Sinaloa para atender temas de agricultura, energía, educación, seguridad y presupuesto.

El mensaje representó además un respaldo abierto a la gobernadora interina Graciela Domínguez Nava, quien asumió funciones después de la licencia de Rocha Moya.

“Graciela tiene todo el apoyo del Gobierno de la República, todo”, afirmó Sheinbaum.

La Presidenta sostuvo además que su administración pretende combatir la violencia no solamente mediante fuerzas de seguridad, sino a través de programas sociales, educación y atención a jóvenes. Entre los proyectos mencionados estuvieron nuevas preparatorias, instalaciones deportivas y programas destinados a impedir el reclutamiento juvenil por organizaciones criminales.

El planteamiento de soberanía aparece también en medio de una creciente presión estadounidense sobre México en materia de narcotráfico, seguridad y presunta penetración criminal en estructuras gubernamentales. En ese escenario, la acusación estadounidense contra Rocha Moya coloca a Sinaloa en el centro de una disputa que ya no es exclusivamente de seguridad pública, sino también diplomática y política.

Sheinbaum evitó mencionar directamente esas imputaciones durante el acto.

En cambio, insistió en que las decisiones sobre el estado corresponden a sus habitantes y reivindicó una política basada, según dijo, en una relación distinta con la población.

“Nosotros no hacemos política con odio, hacemos política con amor, sobre todo con amor al Pueblo”, expresó.

Así, desde Culiacán, una ciudad convertida durante los últimos dos años en uno de los principales escenarios de la guerra del Cártel de Sinaloa, Sheinbaum colocó nuevamente la soberanía nacional como frontera frente a Washington.

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