En un municipio marcado por la violencia, el rezago social y los acuerdos rotos con la ciudadanía, el nombre de Noé Reynoso Nava vuelve a situarse en el centro de la conversación pública. Originario de Amacuzac, Morelos, fue alcalde en el periodo 2012-2015 por el PVEM y, tras un periodo de bajo perfil mediático salvo por los atentados que sobrevivió en años posteriores, regresó al poder para el periodo 2025-2027, ahora bajo las siglas del PT. Lo que podría haber sido una segunda oportunidad política para reconstruir un municipio fracturado, terminó convertido —al menos en su arranque— en una escena de clientelismo festivo que hoy recorre el país: las “chelas del bienestar”.
Reynoso Nava termina el 2025 presumiento la compra de miles de latas de cerveza para repartir en fiestas patronales, un gesto que él mismo describió como una acción “recta y correcta” para apoyar al pueblo, casi como una política pública festiva. Mientras municipios del país discuten sobre seguridad, agua o infraestructura, Amacuzac arrancó el año con una montaña de cartones, reses y cerdos para carnitas. La imagen se viralizó. Más que festejo, fue la fotografía de un estilo de gobierno.
Un municipio con memoria de pólvora
El contexto no es menor. Amacuzac ha cargado durante años con la presencia del crimen organizado, secuestros, violencia rural y pobreza estructural. Aquí la política no es neutra: se gobierna bajo presión, acuerdos y sobrevivencias. No es casual que Reynoso Nava haya sido noticia nacional no por su gestión administrativa, sino por sufrir al menos cuatro atentados armados en su trayectoria. En un municipio como el suyo, volver al poder no es simple retorno, es declaración territorial.

Y precisamente por eso el contraste pesa. Si alguien conocía las heridas de la región era él. Sin embargo, su salida a escena fue populista, gratuita en el sentido literal, orientada a la fiesta antes que al diagnóstico. Su decisión podría interpretarse como una forma de consolidar simpatías rápidas, una versión tropicalizada del “programa social inmediato” donde el aplauso se compra por cartón y la gratitud se mide en hieleras.











