Revientan a Pemex: incendios, inundaciones, derrames, opacidad y sindicato ligado al Pemexgate

Entre accidentes recurrentes en Dos Bocas, advertencias ignoradas, una gestión cuestionada y un sindicato servil, con la historia priista del Pemexgate, la empresa productiva del Estado enfrenta uno de los momentos más críticos.

La situación de Petróleos Mexicanos se ha convertido en un reflejo de deterioro estructural, decisiones políticas controvertidas y fallas operativas recurrentes que hoy colocan a la empresa en el punto más vulnerable del siglo. Los últimos incidentes en la Refinería Olmeca de Dos Bocas no son hechos aislados, sino parte de una secuencia que exhibe deficiencias en seguridad industrial, opacidad institucional y una narrativa oficial que minimiza riesgos evidentes.

Desde la designación de Octavio Romero Oropeza, un perfil sin trayectoria técnica en el sector energético, hasta Víctor Rodríguez Padilla, la petrolera ha sido conducida bajo una lógica política que ha priorizado lealtades sobre capacidades técnicas. A esto se suma el papel de Rocío Nahle, responsable de uno de los proyectos más emblemáticos y controvertidos: la refinería de Dos Bocas, cuya construcción ha superado los 20 mil millones de dólares, sin que hasta ahora logre disipar las dudas sobre su viabilidad y seguridad.

El episodio más reciente confirma ese patrón. Días antes de la explosión en la bodega de coque, trabajadores alertaron sobre una fuga de gas en la planta coquizadora, mientras vecinos del municipio de Paraíso reportaban olores fétidos, ruido intenso y una columna de vapor visible. La respuesta oficial fue contundente en su negación: se trataba —según la empresa— de liberación de vapor sin riesgo alguno. Sin embargo, horas después, la realidad desmintió esa narrativa con un incendio de gran magnitud dentro del complejo, atendido por más de 150 elementos.

Este tipo de eventos no es excepcional. La refinería acumula al menos cinco emergencias relevantes desde 2024, cuatro de ellas relacionadas con incendios o conatos, con un saldo de ocho trabajadores muertos. Apenas semanas antes, una explosión e inundación dejó cinco víctimas mortales, evidenciando que los protocolos de seguridad no han sido suficientes para contener los riesgos inherentes a la operación.

Lo más preocupante es que estas fallas fueron advertidas desde el origen del proyecto. La Auditoría Superior de la Federación documentó en 2019 omisiones críticas en los estudios de riesgo, incluyendo la ausencia de planos para sistemas de aislamiento y la falta de identificación de áreas vulnerables ante incendios, explosiones o derrames. Además, se omitió evaluar el impacto potencial en suelo, agua subterránea, ecosistemas y salud humana, lo que hoy cobra relevancia frente a la recurrencia de siniestros.

En paralelo al deterioro operativo, se mantiene una estructura sindical cuestionada, encabezada por Ricardo Aldana Prieto, figura ligada históricamente al escándalo del Pemexgate, con carpeta de investigación y amparado en cargos de diputado y senador otorgados por el priismo, segundo de abordo durante décadas de Carlos Romero Deschamps, fungió como tesorero, encargado de las finanzas del STPRM y en puestos desde donde operó los recursos multimillonarios para la campaña presidencial de Francisco Labastida Ochoa.

La permanencia de Ricardo Aldana al frente del sindicato ha sido interpretada como un mecanismo de control político y contención laboral, que ha facilitado decisiones controvertidas, incluyendo señalamientos sobre afectaciones a las pensiones de ex trabajadores, en contraste con beneficios preservados para sectores sindicalizados.

Una investigación de N+ Focus revela que Ricardo y Luis Antonio, hijos de Ricardo Aldana Prieto, actual líder del sindicato de trabajadores de Petróleos Mexicanos, revendieron combustible a varias dependencias, entre ellos a la Secretaría de la Defensa Nacional bajo el mando del general Luis Crescencio Sandoval

A este entramado se suman acusaciones de asignación de contratos a círculos cercanos al poder, en un contexto de opacidad sistemática que ha dificultado la fiscalización pública. Los señalamientos alcanzan incluso a figuras cercanas al expresidente Andrés Manuel López Obrador, en particular a su hijo José Ramón López Beltrán, cuya relación con contratistas de Pemex generó controversia internacional.

El resultado es una empresa que enfrenta incendios, fugas, explosiones, inundaciones y derrames como parte de su operación cotidiana, mientras el discurso oficial insiste en minimizar los riesgos y cerrar filas en torno a una narrativa de control. Pemex no sólo arrastra problemas financieros y productivos, sino una crisis de credibilidad que se profundiza con cada incidente.

En este contexto, la refinería de Dos Bocas se ha convertido en el símbolo más visible de un modelo que privilegia la velocidad política sobre la planeación técnica, y donde las advertencias institucionales fueron ignoradas. Lo ocurrido no es un accidente aislado: es la consecuencia de decisiones acumuladas que hoy colocan a la petrolera en una zona de riesgo operativo, ambiental y político.

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