Revelan ejercicios de Marines de EEUU con militares mexicanos en el Pacífico

Entre la retórica de soberanía y la interoperabilidad militar con Washington, México participa en maniobras conjuntas en el Pacífico, pero es excluido del Escudo de las Américas, un contraste que redefine su papel en la seguridad hemisférica.

La Marina de Estados Unidos y la Secretaría de Marina (Semar) que encabeza el almirante Raymundo Morales llevaron a cabo ejercicios navales conjuntos en el océano Pacífico, en el marco del despliegue multinacional Southern Seas 2026, una operación que refuerza la coordinación bilateral en seguridad marítima en un momento clave para la geopolítica regional.

Durante estas maniobras, unidades como la fragata mexicana ARM Benito Juárez (POLA-101) y el destructor estadounidense USS Gridley (DDG-101) ejecutaron prácticas de visita, abordaje, registro y aseguramiento (VBSS), enfocadas en la interdicción de amenazas como el tráfico ilícito y otras actividades criminales en altamar.

De acuerdo con autoridades estadounidenses, “Southern Seas 2026 busca fortalecer capacidades, mejorar la interoperabilidad y reforzar las alianzas marítimas”, lo que refleja una apuesta por consolidar operaciones conjuntas cada vez más sofisticadas y coordinadas.

El entrenamiento incluyó ejercicios de sincronización táctica como passing exercise, que permiten a ambas armadas operar bajo protocolos compartidos en tiempo real, elevando la capacidad de respuesta ante escenarios de crisis en rutas marítimas estratégicas del Pacífico.

Sin embargo, el fortalecimiento de esta cooperación ocurre en paralelo a señales de fricción en el ámbito regional. México quedó fuera del ejercicio Escudo de las Américas, uno de los despliegues militares más relevantes del hemisferio, lo que evidenció una exclusión significativa dentro del esquema de seguridad continental. La presidenta Claudia Sheinbaum reconoció públicamente que el país no participó porque “no fuimos invitados”, una declaración que introduce dudas sobre el nivel de integración real de México en ciertos círculos estratégicos liderados por Washington.

Este contraste abre una lectura más compleja: mientras en el plano bilateral México y Estados Unidos profundizan su interoperabilidad militar, en el ámbito multilateral se observan decisiones que colocan a México al margen de ejercicios de mayor alcance, lo que podría responder a criterios políticos, operativos o incluso de confianza estratégica.

Las autoridades han insistido en que la relación bilateral se sustenta en “la confianza, el beneficio mutuo y el respeto a la soberanía”, un discurso que busca equilibrar la cooperación con la narrativa interna de autonomía frente a la influencia estadounidense.

En términos de fondo, los ejercicios en el Pacífico forman parte de una estrategia hemisférica más amplia, en la que Estados Unidos incrementa su presencia militar en América Latina mediante despliegues navales, intercambio de inteligencia y operaciones conjuntas. En ese esquema, México sigue siendo un socio relevante por su ubicación y por su papel en fenómenos transnacionales como el narcotráfico y la migración.

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