
La estructura de poder que rodea al futbol mexicano sumó un nuevo episodio con la adquisición del Atlas por parte del empresario José Miguel Bejos, cabeza de Mota-Engil México, en una operación que se formalizó durante la asamblea de dueños celebrada en Toluca. El movimiento no sólo implica un relevo en la propiedad del club, sino que introduce al circuito deportivo a un actor con vínculos directos con el entorno político de la Cuarta Transformación.
El nombre de Bejos ha sido recurrente en el sector de la infraestructura por su cercanía con Andy López Beltrán y Gonzalo López Beltrán, hijos del expresidente Andrés Manuel López Obrador, relación que —según diversas versiones en el ámbito empresarial— habría sido determinante para la expansión de Mota-Engil en proyectos estratégicos del actual sexenio. La constructora de origen portugués ha tenido presencia en obras emblemáticas, consolidando una posición que trasciende lo meramente corporativo.
El empresario mexiquense no es ajeno a las estructuras de poder previas. Durante el gobierno de Enrique Peña Nieto, ya había construido una base relevante, aunque su crecimiento más significativo se vincula con el periodo reciente. De acuerdo con datos difundidos por Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad, el volumen de contratos adjudicados a su grupo durante el sexenio anterior rondaría los mil millones de dólares, cifra que explica su capacidad financiera para incursionar en el futbol de primera división.
La operación se concretó en un contexto de debilidad del Grupo Orlegui, que mantiene la propiedad de Santos Laguna y enfrenta un frente judicial complejo. Este escenario facilitó la desinversión en el Atlas, permitiendo el ingreso de un nuevo propietario con respaldo político y empresarial.
En paralelo, en los círculos cercanos a la negociación resurgió la versión de que un enviado de Carlos Slim habría jugado un papel relevante para viabilizar el traspaso. La relación entre el magnate y las empresas de Bejos, particularmente a través de consorcios vinculados a Grupo Carso, refuerza la hipótesis de una articulación de intereses más amplia que trasciende el ámbito deportivo.
Dentro de la estructura de la Liga MX, la figura de Mikel Arriola también aparece como un operador clave en el proceso. El actual presidente del organismo mantiene vínculos de larga data con actores del entorno político, desde su paso por el IMSS durante la administración de Peña Nieto, lo que lo posiciona como un intermediario con capacidad de interlocución entre distintos grupos de poder.

Así, la llegada de José Miguel Bejos al Atlas no puede leerse únicamente como una transacción deportiva. Se trata de un movimiento que refleja la intersección entre política, infraestructura y negocios, y que confirma la creciente relevancia del futbol mexicano como espacio de influencia para actores estratégicos del poder económico y gubernamental.











