Exige Estados Unidos entregar a Rocha Moya por narco

La acusación también vincula a funcionarios del gobernador como el senador Enrique Inzunza, el alcalde de Culiacán Juan de Dios Gámez Mendívil, y el vicefiscal estatal Dámaso Castro, al ex Secretario de Finanzas Enrique Díaz Vega y a 5 más.

La relación entre México y Estados Unidos entra en una fase de alta tensión tras la decisión del gobierno de Donald Trump de solicitar formalmente la detención con fines de extradición del gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, a quien autoridades estadounidenses acusan de encabezar una estructura de protección institucional al Cártel de Sinaloa.

La petición, presentada el 28 de abril y sustentada en un expediente entregado el 23 de abril ante una corte federal en Nueva York, posiciona por primera vez a un gobernador mexicano en funciones en el centro de una acusación penal en Estados Unidos por delitos relacionados con narcotráfico y tráfico de armas. El caso es impulsado por la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York, que sostiene que Rocha y su círculo cercano habrían operado una red de colaboración política-criminal para facilitar el trasiego de drogas hacia territorio estadounidense.

De acuerdo con la acusación, el mandatario sinaloense habría establecido vínculos directos con Iván Archivaldo Guzmán Salazar y Ovidio Guzmán López, identificados como líderes de la facción conocida como “Los Chapitos”, hijos de Joaquín “El Chapo” Guzmán. El documento judicial detalla un presunto encuentro en junio de 2021, en el contexto del proceso electoral, donde se habría negociado apoyo político del grupo criminal a cambio de garantías de operación sin interferencias.

Según el expediente, dicho respaldo incluyó acciones de presión como intimidación a adversarios políticos y manipulación del proceso electoral mediante el robo de boletas. En contraparte, el gobierno estatal habría permitido la consolidación territorial del grupo criminal en Sinaloa, bajo un esquema de impunidad.

La acusación también vincula a funcionarios clave del entorno político de Rocha. Entre ellos destacan el senador Enrique Inzunza, Secretario General de Quirino Ordaz Coppel en Sinaloa, el alcalde de Culiacán Juan de Dios Gámez Mendívil, y el vicefiscal estatal Dámaso Castro, así como mandos de seguridad y procuración de justicia presuntamente beneficiados con pagos periódicos provenientes del crimen organizado.

En el entramado señalado por las autoridades estadounidenses también aparece Enrique Díaz Vega, ex Secretario de Administración y Finanzas de Rocha Moya en Sinaloa, acusado de proporcionar información estratégica —incluyendo nombres y domicilios de adversarios políticos— a operadores del Cártel de Sinaloa. Esta información habría sido utilizada para acciones de intimidación durante el proceso electoral de 2021.

El expediente incluye además una acusación particularmente grave: la presunta implicación del gobernador en el asesinato de un colaborador de la DEA, identificado como Alexander Meza León, lo que eleva el nivel de confrontación jurídica entre ambos países.

Tras la difusión de los cargos, el embajador de Estados Unidos en México, Ronald Johnson, endureció el discurso al advertir que la corrupción vinculada al crimen organizado será perseguida bajo jurisdicción estadounidense cuando existan elementos para ello. En ese contexto, reiteró el compromiso de su país con el combate transnacional a estas redes.

“Hay algo claro: la corrupción que facilita el crimen organizado y perjudica a ambos países será investigada y procesada en todos los casos en que aplique la jurisdicción de los Estados Unidos”, afirmó.

El posicionamiento del diplomático no es aislado. Días antes, durante un evento relacionado con la inversión de la empresa Mexinol en Sinaloa, Johnson había anticipado acciones contra la corrupción, subrayando el impacto directo que ésta tiene sobre el clima de inversión.

“El mensaje es claro: donde la integridad es fuerte, la inversión crece; donde no la hay, se pierden las oportunidades”, declaró en ese momento.

El contexto de ese evento también resulta significativo. La ceremonia, que contemplaba la presencia de Rocha, no pudo llevarse a cabo debido a manifestaciones, lo que obligó a los inversionistas estadounidenses a replegarse a un hotel junto con el embajador, mientras el gobernador permanecía negociando con inconformes.

Frente a la ofensiva judicial, Rubén Rocha Moya ha optado por un discurso de contención política. Tras sostener comunicación con la presidenta Claudia Sheinbaum, el mandatario estatal minimizó el impacto de las acusaciones.

“Estamos tranquilos, trabajando por Sinaloa, no va a pasar nada”, aseguró.

Sin embargo, más allá de la reacción local, el caso abre un frente de alto riesgo para el gobierno federal mexicano, que enfrenta la disyuntiva entre defender la soberanía jurídica nacional o atender una presión internacional que, por su naturaleza, trasciende el ámbito diplomático y se instala en el terreno de la seguridad hemisférica y la cooperación judicial.

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