Cae operador de “La Barredora” ligado al ex gobernador morenista Rutilio Escandón

La captura de Justo Aurelio Rivera Parrazales y el aseguramiento de bienes por 145.2 millones de pesos abren una nueva línea sobre las redes criminales que habrían operado durante el gobierno de Chiapas.

La detención en Mérida, Yucatán, del empresario Justo Aurelio Rivera Parrazales no sólo representa un nuevo golpe contra las presuntas estructuras financieras del crimen organizado, sino que abre interrogantes sobre la posible penetración de esas redes en el gobierno de Chiapas durante la administración del morenista Rutilio Escandón Cadenas.

Rivera Parrazales fue capturado durante un despliegue ministerial en el que se realizaron cuatro cateos simultáneos en diferentes inmuebles. De acuerdo con los reportes iniciales, al empresario se le identifica como presunto operador financiero y logístico de una organización criminal con presencia en el sureste del país.

Las investigaciones lo relacionan con el Cártel del Noreste (CDN) y con la agrupación delictiva “La Barredora”, señalada por su participación en actividades como el tráfico de combustibles, la extorsión, el narcotráfico, el control territorial y el lavado de dinero mediante empresas aparentemente legales.

Durante los operativos, los agentes ministeriales aseguraron 15 vehículos de alta gama, una caja fuerte, armas, dólares, dispositivos de banca electrónica y otros bienes cuyo valor conjunto fue estimado en 145.2 millones de pesos.

La magnitud de los recursos confiscados fortalece la hipótesis de que Rivera Parrazales no habría sido únicamente un colaborador operativo, sino un posible administrador de activos, empresas y movimientos financieros relacionados con organizaciones criminales.

El nombre de “La Barredora” remite directamente a Tabasco, donde esta organización habría alcanzado su mayor capacidad operativa y territorial durante la gubernatura de Adán Augusto López Hernández, actual senador de Morena y exsecretario de Gobernación.

Durante aquella administración, Hernán Bermúdez Requena, señalado por investigaciones y testimonios como presunto jefe o protector de “La Barredora”, se desempeñó como secretario de Seguridad Pública y Protección Ciudadana de Tabasco.

El señalamiento resulta especialmente grave porque ubica a quien estaba encargado de combatir la delincuencia desde el aparato estatal como presunto articulador o protector de una estructura criminal.

Bajo esa hipótesis, “La Barredora” no habría crecido únicamente por su capacidad armada, sino por la posible protección institucional que habría recibido desde áreas estratégicas del gobierno tabasqueño.

La expansión del grupo obliga a esclarecer qué conocimiento tenía el entonces gobernador Adán Augusto López Hernández sobre las actividades atribuidas a su secretario de Seguridad.

También deberá determinarse qué controles internos existían y por qué los señalamientos sobre los presuntos vínculos criminales de Hernán Bermúdez Requena no derivaron oportunamente en una investigación pública y exhaustiva.

El caso de Justo Aurelio Rivera Parrazales adquiere ahora una dimensión política adicional porque el empresario aparece registrado como socio de cuatro empresas dedicadas a la industria farmacéutica, constituidas en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, y al menos una de ellas habría sido proveedora del Gobierno del Estado.

Además de su participación en el sector farmacéutico, Rivera Parrazales se dedicaba a la compra y venta de vehículos, una actividad que deberá ser investigada para determinar si fue utilizada para adquirir bienes con recursos de procedencia ilícita, movilizar capitales o encubrir operaciones financieras de los grupos con los que presuntamente estaba relacionado.

Fuentes locales también han señalado que el empresario habría mantenido vínculos con Rutilio Escandón Cadenas, quien gobernó Chiapas y posteriormente fue nombrado cónsul de México en Miami.

Hasta ahora, esa relación no ha sido acreditada judicialmente y debe considerarse un señalamiento sujeto a comprobación. Sin embargo, la posible participación de empresas vinculadas con Rivera Parrazales como proveedoras del gobierno chiapaneco obliga a revisar contratos, adjudicaciones, transferencias, sociedades mercantiles y relaciones con funcionarios de la administración de Rutilio Escandón.

La pregunta central es cómo un empresario señalado como presunto operador criminal logró ingresar al padrón de proveedores estatales y desarrollar compañías dentro de un sector tan sensible como el farmacéutico.

La investigación deberá establecer qué dependencias contrataron sus servicios, durante qué periodos, por qué cantidades, mediante qué procedimientos y quiénes fueron los funcionarios responsables de autorizar esas operaciones.

El expediente también coloca bajo escrutinio los controles aplicados durante el gobierno de Rutilio Escandón para verificar la identidad, solvencia y origen de los recursos de sus proveedores. No basta con demostrar que una empresa cumplía formalmente con requisitos administrativos; será necesario determinar si existían alertas financieras, operaciones inusuales, crecimiento patrimonial injustificado o conexiones con personas investigadas por delincuencia organizada.

La captura ocurre, además, en un contexto de creciente presencia criminal en Chiapas, entidad convertida en territorio estratégico para el tráfico de drogas, personas, armas y combustibles, así como para el control de rutas fronterizas y corredores comerciales.

Hasta el momento no existe información pública que demuestre que Rutilio Escandón o Adán Augusto López Hernández participaron directamente en las actividades atribuidas a “La Barredora”. Sin embargo, los señalamientos contra funcionarios y empresarios vinculados con sus administraciones obligan a investigar si existieron redes de protección institucional o mecanismos mediante los cuales capitales criminales lograron insertarse en estructuras gubernamentales.

La detención de Rivera Parrazales será apenas el primer paso. El verdadero alcance político y judicial del caso dependerá de que la Fiscalía General de la República siga la ruta del dinero, revise las empresas relacionadas, identifique a socios y funcionarios y determine si existió una conexión entre las redes criminales formadas en Tabasco y sus posibles ramificaciones empresariales en Chiapas y Yucatán.

Porque detrás de los vehículos de lujo, las armas, los dólares y los dispositivos bancarios asegurados aparece una interrogante que rebasa a un solo empresario: ¿hasta dónde llegaron las redes políticas, empresariales y gubernamentales que permitieron la expansión de “La Barredora” en el sureste mexicano?

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Cae operador de “La Barredora” ligado al ex gobernador morenista Rutilio Escandón