La agencia Moody’s Ratings redujo la calificación crediticia de México de Baa2 a Baa3, dejando al País en el último escalón del llamado grado de inversión, una decisión que incrementa la presión sobre las finanzas públicas y sobre la estrategia económica del Gobierno federal.
La reducción ocurre apenas días después de que S&P Global Ratings modificara de estable a negativa la perspectiva de la deuda soberana mexicana, así como la de Pemex, la CFE y sus subsidiarias, lo que evidencia una creciente preocupación internacional sobre la capacidad financiera del Estado mexicano y sus empresas productivas.
Con el ajuste anunciado por Moody’s, México quedó a sólo un nivel de caer en la categoría Ba1, considerada ya como grado especulativo, una clasificación asociada a economías con mayores riesgos de incumplimiento y menor confianza para inversionistas internacionales.
La calificadora argumentó que el deterioro fiscal del País se aceleró durante 2024 y advirtió que las condiciones estructurales continúan debilitándose por el bajo dinamismo económico, la limitada recaudación y la necesidad permanente de respaldo financiero a Pemex, cuya situación financiera sigue siendo vista como uno de los principales focos de riesgo para la estabilidad macroeconómica mexicana.

“La baja de la calificación a Baa3 refleja un debilitamiento sostenido de la fortaleza fiscal que se aceleró en 2024 y que esperamos que persista, ya que la rigidez del gasto, una base de ingresos estrecha y el continuo apoyo a Pemex limitan la capacidad del Gobierno para estabilizar la deuda en un entorno de bajo crecimiento”, señaló Moody’s Ratings.
El ajuste también representa un golpe político y financiero para la administración de Claudia Sheinbaum, debido a que las agencias internacionales comenzaron a cuestionar abiertamente la sostenibilidad fiscal del modelo económico impulsado desde el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, particularmente por el costo que representan los rescates recurrentes a Pemex y el incremento de la deuda pública.
Aunque la Secretaría de Hacienda respondió defendiendo la estabilidad de las finanzas nacionales, el mensaje de las calificadoras refleja preocupación por el crecimiento de los pasivos públicos y la limitada capacidad del Gobierno para incrementar ingresos sin recurrir a mayor endeudamiento.
La dependencia federal sostuvo que el Saldo Histórico de los Requerimientos Financieros del Sector Público (SHRFSP) se ubica en 50.4 por ciento del PIB, y afirmó que ese nivel continúa siendo inferior al de otras economías con calificaciones similares dentro del rango Baa.
Sin embargo, la decisión de Moody’s Ratings envía una señal delicada a los mercados internacionales, debido a que un eventual descenso al grado especulativo elevaría el costo de financiamiento para México, reduciría el atractivo para la inversión extranjera y presionaría aún más a un entorno económico marcado por bajo crecimiento, desaceleración industrial y fragilidad fiscal.











