EEUU decide no renovar el T-MEC aunque estará vigente por una década

El gobierno de Donald Trump rechazó extender el acuerdo comercial por 16 años y abrió una etapa de revisiones anuales que amenaza con prolongar la incertidumbre para México, Canadá y las cadenas productivas de Norteamérica.

Estados Unidos decidió no renovar de manera automática el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá, conocido como T-MEC, y optó por mantenerlo bajo revisiones anuales, una decisión que no cancela el acuerdo, pero sí abre un periodo de presión política y económica sobre las reglas que sostienen el comercio regional.

El anuncio fue hecho por el Representante Comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, en el contexto de la revisión obligatoria del acuerdo, prevista a seis años de su entrada en vigor. La decisión implica que el tratado seguirá vigente, pero sin la extensión de largo plazo que habría dado mayor certidumbre a empresas, inversionistas, productores agrícolas, fabricantes de autos y compañías energéticas que dependen de las cadenas de suministro de Norteamérica.

El T-MEC puede permanecer activo durante otra década, hasta 2036, siempre que ninguno de los tres países decida retirarse. Sin embargo, al no aprobarse ahora una renovación por 16 años, el pacto queda sujeto a una revisión anual que podría convertirse en una mesa permanente de negociación, presión arancelaria y disputa política entre Washington, Ciudad de México y Ottawa.

La postura de Estados Unidos marca un cambio de tono frente al tratado que Donald Trump impulsó durante su primer mandato y que presentó entonces como el “mejor y más importante acuerdo comercial jamás firmado”. En su segundo mandato, sin embargo, el Presidente estadounidense ha tomado distancia del pacto, al considerar que el acuerdo limita parte de su estrategia arancelaria y no ha corregido los déficits comerciales que atribuye a México y Canadá.

Antes del anuncio formal, Jamieson Greer anticipó que la administración republicana no aceptaría una extensión sin condiciones. “No está dispuesta a aprobar el acuerdo sin más”, afirmó en entrevista con Bloomberg News. El funcionario agregó que Washington observa problemas de fondo en el tratado. “Creemos que existen problemas sustanciales”, declaró, al señalar que se requieren cambios para corregir desequilibrios comerciales.

El mensaje tiene una implicación directa para México. La economía mexicana ha hecho del T-MEC uno de sus principales pilares de estabilidad, atracción de inversión y relocalización industrial. Sectores como el automotriz, agroindustrial, electrónico, energético y manufacturero dependen de reglas comunes, bajos aranceles y cadenas productivas integradas con Estados Unidos y Canadá.

La incertidumbre también golpea a las empresas que producen bienes en varios países antes de venderlos en el mercado norteamericano. Las reglas de origen, los contenidos regionales, las condiciones laborales y los aranceles preferenciales son parte del andamiaje que permite que una pieza fabricada en México, ensamblada en Estados Unidos y complementada con insumos de Canadá circule bajo condiciones ventajosas dentro de la región.

El comercio intrarregional superó los 1.6 billones de dólares en 2024, mientras que las tres economías representan en conjunto casi una tercera parte del producto interno bruto mundial. Por eso, la decisión de Washington no sólo tiene alcance comercial, sino también geopolítico: redefine el equilibrio de una zona económica que compite frente a China, Europa y otros bloques industriales.

La administración de Donald Trump busca utilizar la revisión del acuerdo como instrumento de presión para repatriar empleos manufactureros, elevar el contenido estadounidense en ciertos productos y obtener concesiones de sus socios. En el caso automotriz, una de las discusiones centrales será hasta dónde puede modificarse el esquema de producción regional sin encarecer vehículos, romper cadenas de suministro o desplazar inversión.

Para México, el desafío será defender el acceso preferencial al mercado estadounidense sin aceptar condiciones que reduzcan su atractivo como plataforma manufacturera. Para Canadá, la discusión se cruza con tensiones previas sobre aranceles, productos agrícolas, reglas de compra nacional y otros diferendos bilaterales con Estados Unidos.

Aunque la no renovación inmediata del T-MEC no equivale a una salida del tratado, sí coloca al acuerdo en una zona de fragilidad. La señal enviada por Washington es que el pacto seguirá vivo, pero bajo revisión constante, con el riesgo de que cada año se convierta en una nueva negociación política.

El resultado es un tratado vigente, pero sin plena certidumbre. Estados Unidos no rompió el T-MEC, pero sí activó una cuenta regresiva y convirtió su futuro en una herramienta de presión. Para México y Canadá, el reto ya no será sólo conservar el acuerdo, sino evitar que la revisión anual erosione la confianza que hizo de Norteamérica una de las regiones productivas más integradas del mundo.

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