Brugada quiso adelantar el México-Inglaterra por seguridad; FIFA y Javier Aguirre la frenaron

El intento de mover el partido por razones de clima y seguridad provocó enojo, confusión y presión entre selecciones, aficionados y autoridades deportivas.

El intento por adelantar el partido México-Inglaterra, programado para disputarse este domingo a las 18:00 horas, terminó convertido en una crisis de coordinación entre el Gobierno de la Ciudad de México, la FIFA, la Federación Mexicana de Futbol, la Federación Inglesa de Futbol y el cuerpo técnico de la Selección Mexicana.

Bajo el argumento de que existía riesgo de tormenta eléctrica durante la tarde, el Gobierno de Clara Brugada y la FIFA exploraron la posibilidad de mover el encuentro al mediodía. Sin embargo, la maniobra desató molestia entre las selecciones involucradas y generó incertidumbre entre miles de aficionados que ya habían organizado traslados, accesos, hospedajes y logística con base en el horario original.

La presión para cambiar el horario ocurrió en un contexto particularmente delicado para la capital del país. Apenas el martes 30, tras el triunfo de México sobre Ecuador, cuatro personas murieron en las inmediaciones del Ángel de la Independencia, en medio de una concentración masiva que evidenció fallas de control, seguridad pública, atención de emergencias y manejo de multitudes.

De acuerdo con fuentes oficiales citadas por REFORMA, el Gobierno de Brugada presionó para adelantar el partido por motivos climáticos y de seguridad. A las 13:45 horas, la Jefa de Gobierno, Clara Brugada, informó que la FIFA sería la encargada de difundir el cambio de horario, aunque no aclaró si su administración había gestionado formalmente la modificación.

El problema fue que el cambio comenzó a darse por hecho antes de que existiera una confirmación definitiva. Según la información disponible, la Federación Mexicana de Futbol asumía ayer al mediodía que el partido sería reprogramado. Pero la reacción más dura vino desde el propio entrenador nacional, Javier Aguirre, quien rechazó abiertamente la modificación y la calificó como “una patada en el estómago”.

En entrevista con Joaquín López Dóriga, gestionada por el propio Aguirre, el técnico explicó que mover el horario alteraba por completo la planeación deportiva de la Selección Mexicana.

“Te mueve todo porque tienes que reprogramar la activación, la charla, madrugar y la ingesta, porque no es lo mismo meterse unos macarrones a las ocho de la mañana que a las dos de la tarde, para el partido de las seis. A las seis estaba perfecto”, declaró.

La molestia de Aguirre exhibió el costo deportivo de una decisión tomada bajo presión. En un partido de alta exigencia, modificar el horario no sólo implicaba cambiar la hora de llegada al estadio, sino alterar descanso, alimentación, preparación física, charla técnica, calentamiento y rutina completa de competencia.

La polémica también alcanzó a la parte inglesa. El diario británico The Guardian informó que la Federación Inglesa de Futbol rechazó el cambio de horario, mientras que The Athletic, publicación deportiva de The New York Times, reportó que la FIFA analizó la reprogramación “principalmente debido a la preocupación por la seguridad de los aficionados. El clima fue otro factor, aunque no determinante, en las conversaciones”.

Esa precisión resulta clave: aunque públicamente el argumento más visible fue el posible mal clima, el fondo del problema era la seguridad. La tragedia ocurrida en Paseo de la Reforma y el Ángel de la Independencia obligó a las autoridades capitalinas y a los organizadores a recalcular el riesgo de una nueva concentración masiva, especialmente ante un partido con enorme carga emocional y política para la afición mexicana.

Pero el intento de corrección abrió otro frente: la improvisación. La posibilidad de cambiar el horario a menos de 24 horas del encuentro provocó una tormenta de confusión, afectó la planeación de las selecciones y puso en duda la capacidad de coordinación entre autoridades locales y organismos deportivos internacionales.

Además, la polémica se sumó a una visita inglesa marcada por tensiones adicionales, entre señalamientos de posible espionaje deportivo, temores de sabotaje al descanso de los jugadores ingleses y preocupación por el comportamiento de grupos de aficionados en la Ciudad de México.

Tras varias horas de cabildeo fallido, la FIFA finalmente desistió y confirmó que el México-Inglaterra se jugará en el horario originalmente previsto: 18:00 horas. La decisión llegó aproximadamente cinco horas después de que estalló la versión del cambio.

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