
El nombramiento de Imelda Castro Castro como coordinadora estatal de la Defensa de la Transformación representa, en los hechos, su virtual designación como candidata de Morena a la gubernatura de Sinaloa en 2027. Aunque todavía deberá cumplirse el proceso electoral formal, la decisión la coloca como el verdadero centro del poder político detrás del gobierno interino de Graciela Domínguez Nava.
La nueva configuración pretende transmitir una ruptura con Rubén Rocha Moya, pero tanto Castro como Domínguez crecieron políticamente dentro del mismo movimiento que acompañó al gobernador con licencia. Las dos formaron parte del entramado que sostuvo su administración y respaldó públicamente su proyecto antes de que la crisis de seguridad y las acusaciones estadounidenses volvieran insostenible su permanencia.
Rocha Moya fue acusado formalmente por autoridades de Estados Unidos, junto con otros nueve funcionarios y exfuncionarios sinaloenses, de presuntamente colaborar con Los Chapitos, facción del Cártel de Sinaloa. La imputación estadounidense sostiene que habrían proporcionado protección política e institucional a cambio de sobornos y respaldo criminal. El gobernador ha rechazado las acusaciones y afirma que se trata de una persecución política.
La eventual expulsión de Rocha Moya de Morena, planteada por Citlalli Hernández, presidenta de la Comisión Nacional de Elecciones, puede presentarse como un intento de depuración partidista. Sin embargo, también corre el riesgo de convertirse en una maniobra de simulación: apartar públicamente al gobernador sin desmontar la estructura política que construyó ni investigar las responsabilidades de quienes lo acompañaron.
La operación busca que Morena llegue a las elecciones estatales con una candidata aparentemente desligada de la crisis, pese a que Imelda Castro fue impulsada durante años por el propio Rocha. En octubre de 2022, el entonces gobernador la destapó como posible sucesora y expresó públicamente su deseo de que llegara al Ejecutivo estatal.

Ahora, la senadora con licencia intenta marcar distancia. Fue crítica del regreso de Rocha Moya a la gubernatura y se alineó con la postura de la presidenta Claudia Sheinbaum, quien consideró inconveniente su reincorporación. Ese deslinde permitió a Castro colocarse como la opción de continuidad partidista con una narrativa de renovación.
Su nombramiento sepulta las aspiraciones de otros personajes identificados de manera más directa con el gobernador con licencia. No obstante, no elimina el origen rochista de su candidatura ni borra los vínculos políticos que mantuvo con el mandatario cuando éste concentraba el poder en el estado.
En ese reacomodo, Graciela Domínguez aparece como una figura intermedia entre el viejo grupo de Rocha Moya y el nuevo bloque encabezado por Imelda Castro. Su administración deberá conducir los últimos 14 meses del periodo constitucional y, al mismo tiempo, crear condiciones de gobernabilidad para la candidatura morenista de 2027.
Castro celebró públicamente la llegada de Domínguez al Ejecutivo estatal:
“Inicia una etapa de certidumbre, conducción institucional y unidad por el bien del pueblo de Sinaloa. Enhorabuena, Gobernadora”.
El mensaje no solamente fue una felicitación. También anticipó una coordinación política entre la virtual candidata de Morena y la gobernadora responsable de administrar la transición.
Domínguez Nava es socióloga por la Universidad Autónoma de Sinaloa y una veterana militante de izquierda con antecedentes en el activismo social. Durante el gobierno de Rocha Moya fue secretaria de Educación Pública y Cultura, no secretaria de las Mujeres. Dejó el gabinete en 2024 para competir por una diputación federal, cargo que ahora abandona para gobernar hasta el 31 de octubre de 2027.
Su cercanía con el mandatario con licencia representa uno de sus principales pasivos. En abril, cuando ya crecían los cuestionamientos contra Rocha, Domínguez participó en expresiones públicas de apoyo y defendió su honorabilidad.
La presidenta de Coparmex Sinaloa, Martha Reyes, recordó esa actuación y puso en duda la posibilidad de una ruptura inmediata:
“Ella es del grupo de Rocha, incluso en abril ella era una de las que gritaban ‘no estás solo’ y defendía la honorabilidad de Rocha. No será fácil quitarse su sombra de encima”.
Domínguez anunció que revisará la integración del gabinete estatal. “Haremos una revisión”, declaró después de rendir protesta ante el Congreso de Sinaloa. Los cambios permitirán saber si realmente busca desmontar el aparato rochista o únicamente sustituir algunas figuras para facilitar la transición hacia el grupo de Imelda Castro.
En su primer mensaje, la gobernadora interina prometió dialogar con los sectores sociales, económicos y políticos, además de colocar la recuperación de la paz como prioridad. También reconoció que la administración estatal carece de capacidad suficiente para enfrentar por sí sola la violencia.
“Hoy Sinaloa necesita toda la fuerza del Estado mexicano, coordinación, inteligencia, política social, atención a las causas y capacidad institucional para recuperar plenamente la tranquilidad”, expresó.
El reconocimiento del liderazgo de Claudia Sheinbaum confirma que la nueva etapa será conducida desde el poder federal. La Presidenta necesita reconstruir la autoridad de Morena en un estado devastado por la confrontación criminal, los homicidios, las desapariciones y el deterioro económico.
El desafío para Graciela Domínguez no consiste únicamente en modificar el gabinete, sino en demostrar que puede gobernar sin obedecer a Rocha Moya y sin convertir su administración en una plataforma electoral para Imelda Castro. La prueba para Castro será acreditar que representa una ruptura verdadera y no una operación destinada a conservar el poder bajo nuevos nombres.











